viernes, 10 de junio de 2011

El átomo y su estructura

Geometría Natural by G. Miguel Vélez

Séptimo, que ya tantas veces le había dado de vueltas a la discusión sobre el caos en el universo, aprendió una mañana de octubre que todo lo existente estaba cuidadosamente estructurado. Pero no estamos hablando de un orden arbitrariamente casual en la composición de la cosa, sino de un refinado y muy lógico sistema geométrico que comienza desde lo que Aristóteles llamó el “átomo”. El átomo, como Séptimo bien aprendió en su niñez, deriva de la palabra latina atomum; una derivación posterior del griego ἄτομον; ambas palabras significando “Sin partes”. Es decir: describe un objeto incapaz de ser categorizado fuera de su unidad. Desde el átomo se estructura una cadena geométrica que, en última instancia, provee de figura al objeto.
Séptimo pudo ver con claridad microscópica, como si sus ojos tuviesen lentes que se superponían a voluntad. Descubrió que al romper un objeto geométricamente perfecto, como una baldosa hexagonal, los pedazos restantes se separarían haciendo una figura exactamente proporcional; así como la nieve que, a pesar de ser única, su estructura interna revela una consistencia geométrica perfecta.
De un momento a otro, del caos y el azar del mundo desencantado del siglo XXI pasó a la certeza y precisión del universo cognoscible. Había tanta certeza de que todas las cosas eran la misma, de que todas las cosas estaban exactamente donde debían de estar, que su espíritu se aburrió y lo hizo caer de espaldas bajo el árbol de su jardín.
Antes de perder la vida, tuvo la realización de que el mundo no se había desnudado ante sus ojos, sino que su alma se había aburrido de encontrar su divino secreto y así, recostado, observo al Sol descomponerse a través de las perennes hojas del pirul; aquella imagen fue hermosa y casi por un momento pensó que sobreviviría. 

Geometría Natural a photo by G. Miguel Vélez on Flickr.

jueves, 9 de junio de 2011

Clarisa

I'm a spy in the house of love by G. Miguel Vélez

Primera parte: Nacimiento
Yo también nací. Tuve un creador, alguien que un día me creó desde la materia más inerte. De sus manos me diseñó para arrojarme en el mundo; desnuda y desprotegida vine llegué. Al principio no me entendía, era como si fuera una masa caliente de partes inverosímiles, pero era libre.
Después tuve figura. Pasé de “eso” o “partes” a una de “ellas” y, aunque era menos libre, descubrí la comunidad con mis hermanas. El creador nos quería mucho a todas; a pesar de provenir de la misma fuente, Él siempre nos llamó únicas, “Son lo último, una revolución” decía mientras intentaba encontrarnos un almacén.
Segunda parte: Juventud
“Les falta vida” dijo uno de ellos. El creador se enojó mucho y protestó contra la mirada tan estrecha de aquél, dio la vuelta y nos fuimos indignados a casa. Pero esta situación se repetía, “Ustedes no son visionarios, no saben nada”; después, cuando la situación se fue poniendo más dura, el creador les imploraba por que por lo menos una de nosotras se quedara.
Finalmente, Él tuvo una idea. Como no quería que algún tonto lo hiciera, decidió hacerlo él mismo. Buscó mucho, leía revistas de moda y hacía dibujos en su libreta. Terminó por hacer treinta y dos dibujos a cada uno le puso nombre y firma. A mí me llamó Clarisa.
Me cantaba canciones mientras pintaba mis labios de un rojo purpúreo, como las ciruelas, y delineaba cada cabello con dulzura. Me definí para siempre. Clarisa, complexión delgada, estatura de un metro setenta, cabello castaño y corto, labios rojos y ojos miel.
Tercera parte: Adultez
Aún recuerdo el día que me dejó en el almacén. Besó mi mejilla y se fue. Yo me sentía vacía, como si no pesara nada; regresaba a mi estado original de descomposición y, sin embargo, seguía ahí. No pude evitarlo, me quedé parada, estática viendo como se iba.
Desde entonces he tenido muchos nombres, algunos acomodadores y jefes de compras me han puesto como se les da la gana, otros me ignoraron por completo.  Pasé años mirando a la calle, a través de una vitrina, esperando a que regresara, nunca lo hizo.
El momento decisivo fue cuando cerraron el almacén. Para entonces había perdido las esperanzas y, como si nada, volví al principio. Desnuda y desorientada; desarticulada en partes inverosímiles me llevaron a un mercado de pulgas, ahí me enteré de que más de uno conocía al creador y que había muerto, al parecer era un artista famoso.
Finalmente, una coleccionista de arte y diseñadora de modas me llevó consigo, afirmaba ser gran admiradora de Él y no quería perderse una de sus últimas creaciones existentes. Cuando llegamos a su estudio en el centro, me vistió, me saludó y dijo:
 -Hola, me llamo Clarisa, tu debes ser Clarisa ¿No es cierto? Qué gusto es tenerte en casa de nuevo. Rafael, tu diseñador me habló mucho de ti. Me dijo que el parecido era increíble y ¡Vaya que lo es! Yo era así cuando tenía veinte años. Ahora ya estoy vieja, pero te conseguí por vanidad y por el bello recuerdo de un amigo.-
¿Clarisa? Pregunté pero nadie me escucho. Solté una lagrima, pero ella no la notó. No era tan especial para Él… para Rafael. Sólo era una recuerdo de alguien a quién sí amaba.
Ahora miro por la ventana como en los días que vivía en el almacén, esperando a que se deshagan de mi o a que me quiebre para siempre; recordando que siempre he sido un objeto. 

I'm a spy in the house of love a photo by G. Miguel Vélez on Flickr.

miércoles, 8 de junio de 2011

Dueño de la noche

Noche de fiesta

He visto el lugar llenarse todas las noches, compartir los roces de brazos que se tambalean al ritmo de la música, mi música. Soy el alma invisible que anima esta posada que oscila entre la oscuridad y el púrpura del celofán en los focos.
Tomo una cerveza y miro los cuerpos danzantes; los rituales que permiten a los desconocidos admirarse; los meseros que, como yo, invisibles mueven los hilos de una trama que no es nuestra. Sigo dando pequeños sorbos, subo los tonos y reviento las bocinas mientras, al momento en que el día languidece y la noche se ha apoderado de los corazones, todos se unen en una emoción que se desparrama en carcajadas, llantos y uno que otro brindis.
Es increíble mi poder, es increíble mi invisibilidad. Aunque bien podría sustituirme un reproductor de música, soy necesario porque creo exquisitas mezclas, soy necesario porque mi alma vibra como los tambores, soy necesario porque soy el verdadero dueño de la noche. 

Noche de fiesta a photo by G. Miguel Vélez on Flickr.