lunes, 9 de enero de 2012

Aforismos sobre la paranoia y la persecución

"Cuando tienes la oportunidad de echar un vistazo al archivo que guardan sobre ti en el FBI es cuando descubres que las agencias de inteligencia en general son extremadamente incompetentes."
Noam Chomsky
Sobre la paranoia y la persecución
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Un día me di cuenta. Fue cuando tenía ya dieciocho años y me habían entregado mi primer automóvil. Lo único que podía distraerme del camino era la duda. Tal vez alguien me seguía a través de ese espejo retrovisor.
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Retomando a Woody Allen en deconstruyendo a Harry, “Vas por la vida con el delirio de que le agradas a la gente” y tiene razón, tal vez la paranoia es un signo de sanidad.
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Chiste sobre la comunicación interpersonal:
Está este tipo, un terapeuta en comunicación interpersonal, que consigue un trabajo de investigación en una universidad privada que promete pagar mucho etc… etc… En fin.  Un día, en una de sus horas libres, se encuentra con una ex-novia con la que tuvo una mala separación. Él no sabe manejarlo porque hacían ya años que no la veía; ella decide pasarse de largo ignorándolo, ya saben, lo mejor que puede. Esto pasa unas veces más en la semana y se va convirtiendo en costumbre.
Aún angustiado por la idea de encontrarse con ella, decide contárselo a un amigo; éste lo acompaña, de manera regular, a comer. Todo para que tenga una “excusa” para no hablar con ella. Pero ella, lejos de “Entender el mensaje” y alejarse lo más posible de la situación, parece acercarse cada día más a la mesa en la que comen. Entonces el terapeuta le dice a su amigo –Ves como ahora que decidí ignorarla por completo se esfuerza por llamar mi atención. Te lo digo, ella quiere hacerme algo.- Al principio, su amigo le advierte que está siento paranoico, pero con el paso del tiempo esta teoría se va reforzando. ¡Irrefutablemente ella pasa por ahí todos los días!
Un día, ya cuando las cosas parecían haberse calmado, ella deja de pasar. Extrañado por el cese de la rutina, regresa a su oficina con su amigo; en el camino van vitoreando que “por fin la arpía había desistido”. Al llegar, el terapeuta encuentra en su escritorio un citatorio de parte del consejo directivo, la coordinación de la investigación y el consejo de honor de la universidad. La carta lo convoca a compadecer ante un tribunal universitario bajo la demanda de acoso laboral y posiblemente sexual. Entonces, él voltea y absolutamente convencido y orgulloso le dice –Te lo dije-.
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Pequeño chiste sobre la comunicación interpersonal:
Una mujer contrata a un investigador privado para seguir a su marido. Después de varias semanas, el investigador reporta la compra de un collar de perlas. Dos días después ella le dispara a su esposo mientras entra por la puerta de su casa. Al revisar sus bolsillos, ella encuentra el collar y una tarjeta que dice “Feliz aniversario”.
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Un país tranquilo, en el cual la necesidad imperante es escoger el tipo de shampoo, queso, cepillo de dientes… etcétera. Ese es un país muy sospechoso.
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No hay nada mas terrible que la tranquilidad. El implacable silencio, el hieratismo occidental, la paz; esto sólo puede significar el comienzo de algo terrible.
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Hay algo de reconfortante al escuchar tantas teorías sobre el fin del mundo y su supuesto proximidad. Es como purgar toda responsabilidad última de la acción cotidiana. Pensándolo mejor, en mi caso es la idea aterciopelada y egoísta de que nadie me sobrevivirá.
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Camino por un centro comercial de lujo; soy el único que logra distinguir a los civiles de los guardaespaldas. ¿Quién debe preocuparse de esto? ¿Los guardaespaldas o yo?
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Que el mundo racional dé razones para la irracionalidad de aquellos que llaman “enfermos mentales” siempre ha sido una idea muy sospechosa. Sobre todo porque es en este mundo, en donde nacen.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Contra el Copyright

Ensayos en contra del Copyright: Compilación de Tumbona Ediciones
Descárgalo aquí

domingo, 11 de septiembre de 2011

Autorretrato de un joven artista en la posmodernidad: La tragedia de llamarse artista

Tal vez Rimbaud ha –por no decir me ha- creado el problema más grande de todos. ¿Cómo decidir ser un genio? En la vida del escritor existe una pregunta constante que, a mi parecer, es la más atormentadora de todas las cuestiones. ¿Quién sirve para este oficio?
Tras leer demasiados decálogos del escritor, entrevistas, reseñas y semblanzas, hubo un punto que me ha aterrorizado hasta la fecha. Palabras más, palabras menos, muchos afirman que “hay personas que no sirven para esto”. Por supuesto que esta cuestión, siendo la más macabra de todas, no te golpea al instante; se toma algunos meses –sino algunos años- para irse metiendo en la piel de aquel que ya ha escuchado o leído esto. Es entonces, con una taza café y a finales del verano, que decide sorprender, golpear o incluso fulminar al escritor.
No sé que tanto se trate de inseguridad del escritor como de terror infundado –aceptémoslo, los críticos son feroces- lo que sé, es que apenas aprendida esta duda, es sólo cuestión de tiempo, copas o estado de ánimo, para que nos aborde e intente destruir nuestro sueño creativo.
No conforme con la pregunta, no existe ningún organismo legal, social, metodológico, historiográfico e inclusive divino que pueda juzgar nuestro trabajo de manera unitaria y definitiva –lo siento por los que viven en el autoengaño y creen que sí- ulteriormente, uno se encuentra con la terrible verdad filosófica que trastoca nuestra vida profesional; en esto también estamos solos.
Porque nos convertimos en jueces de “esto que llamamos nuestra visión” y paradójicamente, así volvemos al problema fundamental. ¿Cómo decidir ser un genio? ¿Cómo juzgar el trabajo propio? La verdad angustiante de este callejón sin salida me ha robado largos ratos de paz. Parece que lo único que nos queda es la técnica –esto suena bastante horrible- y el azar –tantito peor-.
“No se engañe; no hay taller de creación literaria que pueda salvarlo, no hay parámetro que pueda calificarlo.” Esta es la voz que intercede por la de mis personajes para silenciarlos a todos y despegarme del hilo narrativo. También es la voz que quiere salir cuando veo algún afiche que promociona un taller, diplomado o curso.
Es más, incluso dominando el terreno de la técnica –que es esencialmente lo que plantean los cursos de creación literaria-, esto no lo salva ni de la critica, ni mucho menos de la cuestión existencial. Usted puede hacerse de mañas, atajos y artilugios para estructurar un texto de manera estética, pero la cuestión última del producto se figura así: “¿Es esto realmente arte?”, déjeme le adelanto que esa pregunta nunca lo va a dejar.
Es por esto que, la tragedia de llamarse artista, deviene de la mismísima construcción de aquella oración. ¡Vaya! de artistas solo tenemos el nombre, un nombre prestado, autoproclamado o infundado de manera sarcástica o inexperta. En todo caso, no es nuestro.